Mario Botta (Mendrisio, 1943), uno de los arquitectos suizos con mayor reconocimiento nacional e internacional, ha convertido algunos de sus diseños en obras de arte y en una referencia de la arquitectura contemporánea, gracias a su estilo geométrico que conjuga el espacio, la geografía y la luz.
Botta, influenciado por dos grandes arquitectos del siglo XX: Le Corbusier y Louis Kahn, con quienes colaboró cuando todavía era un estudiante, es profeta en su tierra. Sus diseños de casas, bancos, iglesias, museos, instituciones públicas y privadas están por toda Suiza, principalmente en el Tesino, región de la que proviene y en la que sigue viviendo. El Museo Jean Tinguely de Basilea (arriba, foto 1), la Estación de Funicular de Cardada, la Biblioteca del Convento de los Capuchinos de Lugano, el Banco del Estado de Friburgo, el edificio de Swisscom de Bellinzona, el Tschuggen Bergoase Spa de Arosa (foto 2, contigua al museo), la Escenografía de la Ópera de Zúrich, la Residencia de Ancianos de Novazzano, las iglesias San Juan Bautista de Mogno y Santa Maria degli Angeli del Monte Tamaro, son algunas de sus creaciones.


La variedad de diseños y una trayectoria de dos décadas le abrieron las puertas para su incursión en el extranjero. A la Casa de la Cultura André Malraux en Chambéry (Francia) le siguieron el Museo de Arte de la Universidad de Quinghua en Beijing (China), la galería de arte Watari-um en Tokio (Japón), el Museo de Arte Moderno de Trento y Rovereto (Italia), el Museo de Arte Moderno de San Francisco (EEUU), la Torre Kyobo de Seúl (Corea del Sur), la Biblioteca Municipal de Dortmund (Alemania), la Sinagoga Cymbalista de Tel Aviv (Israel), entre otros. Arriba, foto 1/Catedral de Évry (Francia), 2/El MOMA de San Francisco, 3/La Sinagoga de Tel Aviv.
Con el reconocimiento que goza y los innumerables premios internacionales recibidos sorprende que todavía no le hayan otorgado el Pritzker, el galardón más prestigioso en el campo de la arquitectura, y que ya obtuvieron sus compatriotas Peter Zumthor y Jacques Herzog y Pierre de Meuron.
Sus obras sagradas en Suiza
Las iglesias San Juan Bautista y Santa Maria degli Angeli, ambas en el Tesino, son dos joyas arquitectónicas que sobresalen, entre otros, por sus formas curvilíneas, las mismas que también están en muchas de sus obras. Son recintos sagrados sobrios, elegantes, sofisticados y a la vez sencillos, y lugares de peregrinaje turístico.
“Me fascinan las iglesias porque en ellas tienes la sensación de ser el protagonista. En realidad, deberías ser capaz de entrar en una iglesia y sentir que estás en el centro del universo”, sostiene el arquitecto.
La iglesia San Juan Bautista
El origen de la iglesia de Botta está en el alud que destruyó Mogno en 1986. La construcción es ovalada con techo oblicuo acristalado por donde entra la luz natural. No tiene ventanas. El material usado es el mármol y granito provenientes de la zona.
Está decorada con rayas de color blanco y negro, y en el interior, además de rayas hay cuadrados que se asemejan a un tablero de ajedrez. El recinto es pequeño, caben unas quince personas, que hace difícil estar a solas, ya que hay gente que entra y sale permanentemente, aún así reina la tranquilidad.
La iglesia Santa Maria degli Angeli
Hay dos vías de llegada, una con el teleférico desde la ciudad de Rivera y que dura veinte minutos, y otra a pie, cuyo punto inicial es en el Monte Lema (1624 msnm) y tarda casi seis horas. Esta ruta, a diferencia de la que lleva a pie a la iglesia de Mogno, se hace por montañas, dos de ellas bastante verticales para subir: el Gradiccioli (1936 msnm) y el Tamaro (1961 msnm). La vista está dominada por la inmensidad de la naturaleza y por ciudades suizas e italianas, ubicadas a ambos lados de la frontera.
Las seis primeras fotos provienen del internet, las 20 restantes, de las iglesias suizas y del recorrido a pie, fueron tomadas por Liana Cisneros.
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