viernes 23 de septiembre de 2011

Daniel Barenboim cierra el Festival de Lucerna

El Festival de Lucerna de Verano no pudo finalizar mejor (18.09) su edición de este año que con la brillante interpretación de Die Walküre (La valquiria), de Richard Wagner (1813-1883), a cargo del director argentino-israelí Daniel Barenboim (1942) y la Staatskapelle Berlin.

Al apasionante drama musical de Wagner se unieron la soprano sueca Nina Stemme, el tenor alemán Peter Seiffert y el bajo coreano Kwangchul Youn. El dúo europeo dominó la presentación, pero el cantante coreano, dotado de una voz potente, a veces rígida, concentró gran atención.

En la primera parte, Barenboim, intercambió sus roles de director y pianista. Sus solos de piano eran breves y únicamente al inicio de los cinco movimientos, luego se incorporaba rápidamente al podio para dirigir. Anotaciones, una serie de versiones orquestales que Barenboim comisionó al legendario Pierre Boulez (1925) en 1975 cuando dirigía la Orquesta de París. Anotaciones incluyó las versiones originales para piano que Boulez compuso cuando tenía 20 años. Las cinco primeras fotos ©Priska Ketterer, Lucerne Festival.

Barenboim ha sido una de las estrellas principales del Festival de Lucerna. Realizó cuatro presentaciones, una con la Orquesta West-Eastern Divan (al costado, ambas fotos. ©Peter Fischli, Lucerne Festival), y tres con la Staatskapelle Berlin, bajo su dirección desde 1992. El repertorio incluyó música de Ludwig van Beethoven, Wolfgang Amadeus Mozart, Franz Liszt, Anton Bruckner, además de los dos antes mencionados.

Barenboim es un ferviente admirador y claro defensor del compositor alemán Richard Wagner, asociado con el nazismo y músico predilecto de Adolfo Hitler. “Algún día debemos liberar a Wagner de ese fardo... Es que los nazis y Hitler vieron en Wagner un profeta propio... Esto influye sobre la percepción de Wagner que tiene mucha gente”, viene repitiendo el músico.

Ha dedicado su vida a la música, y antes de cumplir los diez años había sido considerado un fenómenos musical. A los cinco años empezó a tomar clases de piano, a los siete dio su primer concierto, a los diez debutó en Europa y Estados Unidos. A los diez años llegó a vivir en Israel con su familia. Después de seguir una educación musical esmerada tomó clases de piano con la célebre maestra belga Nadia Boulanger, la misma que había formado a otros importantes músicos, entre ellos, a su compatriota Astor Piazzola y al propulsor del minimalismo, el estadounidense Philipp Glass. A punto de cumplir los setenta años es el músico latinoamericano más prominente, reconocido internacionalmente y premiado por doquier.

Es un músico prolífico y versátil, a la extensa lista de discos de música clásica se suman los grabado con otros ritmos: Mi Buenos Aires querido (1996), una selección de tangos interpretados por él, Rodolfo Mederos y Héctor Console; Brazilian Raphsody (2000), con temas de Antonio Carlos Jobim, Heitor Villa-Lobos y Milton Nascimento; y Tribute to Ellington (1999), con varios músicos y la voz maravillosa de Dianne Reeves (y Don Byron). Además ha escrito El sonido es vida. El poder de la música (2008), y es co-autor de Paralelismos y paradojas, conversaciones con Edward Said, entre otros.

El músico que quiere componer el mundo
Barenboim fundó, junto con el filósofo palestino Edward Said, la Orquesta West-Eastern Divan, que reúne a jóvenes músicos árabes e israelitas. El nombre de la orquesta ha salido de la colección de poemas del escritor alemán Johann Wolfgang von Goethe (1749-1832) llamada West-Eastern Divan (Diván de Oriente y Occidente, 1819).

“Esta orquesta lleva el mensaje de que tenemos que acostumbrarnos a vivir juntos. Este maldito conflicto no es ni militar, ni político. Es un conflicto humano de dos pueblos que están profundamente convencidos de tener el derecho de vivir en el mismo pequeño pedazo de tierra. Es muy difícil resolverlo”, decía en una entrevista, el músico que ahora también es ciudadano palestino.

La Orquesta West-Eastern Divan (fotos ©Peter Fischli, Lucerne Festival), que desde el 2002 tiene su base en Sevilla (España), se reúne cada verano para ensayar y después salir en gira mundial. La repercusión de este proyecto es invaluable y los premios no se han hecho esperar. Barenboim y Edward Said recibieron el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia 2002, también el Bundesverdienstkreuz Grosses, el más alto tributo a una persona que no es un jefe de Estado. En 2006 ganó el premio Kulturgroschen, el Premio de la Paz de la Fundación Korn y Gerstenmann. Naciones Unidas lo nombró Mensajero de la Paz. Con ese mismo espíritu de tolerancia que le caracteriza ha creado jardines de infancia musical en Ramala y Berlín.

Una iniciativa argentina acaba de postularlo para el Premio Nobel de la Paz de este año, por su contribución a la reconciliación en Medio Oriente a través de la música, un premio que en su caso, contrario a algunos que lo obtuvieron, estaría más que merecido.
Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.

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