
Dos grandes maestros de la música clásica del siglo XX, Claudio Abbado (Italia, 1933) y Pierre Boulez (Francia, 1925), y una audiencia de cerca de cien mil personas cada año, algunas venidas especialmente de China, Japón, Estados Unidos e Inglaterra, han convertido el Festival de Lucerna de Verano en la Meca, donde lo único que importa es la devoción por la música. Fotos 1/Fachada del KKL ©Liana Cisneros, 2/C. Abbado, 3/P. Boulez.
El festival, cuyos orígenes está en un concierto que el legendario director italiano Arturo Toscanini (al costado) dio en 1938, acoge a las mejores orquestas y a los célebres directores y solistas. Aquí debutó el admirado director venezolano Gustavo Dudamel, junto a la Sinfónica de la Juventud Simón Bolívar, apadrinado nada menos que por Abbado.
El Festival de Verano (10 de agosto-18 de septiembre), encabezado por Abbado y Boulez, incluye este año 34 conciertos sinfónicos, además de música de cámara y eventos de solistas, y está dedicado al tema de la noche. En estas semanas ya han actuado las filarmónicas de Viena, Berlín e Israel, la Orquesta Sinfónica de Chicago y la Orquesta de Cámara de Europa. También los directores Simon Rattle, Zubin Mehta (en foto dirigiendo), Bernard Haitink, Daniel Harding, Riccardo Muti, Barenboim y Tan Dun y los jóvenes Yannick Nézet-Séguin y Vladimir Jurowski (al lado de Mehta). Entre los solistas estuvieron los pianistas Radu Lapu, Maurizio Pollini, Jean-Yves Thibaudet y Yefim Bronfman, y la violinista Anne-Sophie Mutter.
En la serie Debut actuaron ocho de los nueve jóvenes músicos, los chelistas Mi Zhou (China) y Leonard Elschenbroich (Alemania), la acordeonista Ksenija Sidorova (Latvia), la pianista Anna Vinnitskaya (Rusia), el violinista Michael Barenboim (Francia), y queda para los próximos días el violinista ruso Eugene Ugorski (arriba, al costado de Mi Zhou). En los más de 40 años de historia de esta serie han debutado figuras destacadas, entre ellas las chelistas Jacqueline du Pré (Francia, 1965) y Sol Gabetta (Argentina, 2001), y el barítono suizo Kurt Widmer (1967).
Para los días que vienen quedan más nombres conocidos, dos de los platos fuertes: el compositor austriaco residente, Georg Friedrich Haas (a la izquierda), con su ópera de cámara Nacht (Noche), y el director y pianista argentino-israelí Daniel Barenboim, quien clausurará en compañía de la Staatskapelle de Berlin.
Además, el festival contagió, más que el año pasado, a la ciudad de Lucerna, y llevó varios eventos a otros espacios cerrados y al aire libre, diferentes del elegante auditorio del KKL. El público pudo disfrutar de la Noche-Balcánica, Noche-Tango y del festival en las calles, con grupos de Asia, Africa y Europa. Al costado, foto 1/Sidare (Irak), 2/Adesa (Ghana) de la sección el ´Festival de Lucerna en las calles´.Una muestra de los que tocaron
El pianista italiano Maurizio Pollini (1942) presentó Perspectivas Pollini 1 y 2, sonatas de Beethoven y obras comisionadas. En Perspectivas 1 (17 Agosto) incluyó El rumor del tiempo, compuesto por su compatriota Giacomo Manzoni (1932) para el festival, basado en textos rusos, alemanes, e italianos. En la interpretación le acompañaron Anna Prohaska (soprano), Christophe Desjardins (viola), Alain Damiens (clarinete) y Daniel Ciampolini (batería), una melodía perturbadora e impregnada de cierta frialdad. “La elección de los textos revela a Manzoni no sólo que es artísticamente multifacético, sino que también es un compositor poco interesado en el prestigio de su técnica que en el mundo de las experiencias personales. En lugar de centrar la atención en su oficio de composición, lo que toma en cuenta es la función comunicativa de la música, la idea de hablar con sus colegas a través del trabajo”, resume con acierto Mark Schulze Steiner.
El holandés Bernard Johan Herman Haitink (1929) dirigió la Orquesta de Cámara de Europa (25 agosto) con obras de Johannes Brahms, uno de sus músicos favoritos. Obertura Trágica en R Menor y Sinfonía No. 4, op. 98 fueron interpretadas con maestría, aunque la última probablemente ha sido una de las versiones más sublimes, dramática, pasional, con aires de pasacalle y con un final contundente.
El director suizo Édouard Charles Dutoit (1936) llegó con la Orquesta de Filadelfia (27 agosto), y en la primera parte con un invitado especial, el pianista francés Jean-Yves Thibaudet (1961), para Concierto para Piano y Orquesta No. 2, de Franz Liszt (Austria, 1811-1886), una obra dividida en seis partes e interpretada de corrido, con movimientos que resaltaron los solos de piano y de la orquestación. Finalizó el concierto con Sinfonía fantástica, de Hector Berlioz (Francia, 1803-1886), una obra lenta, melancólica y emocional, inspirada en los sentimientos que Berlioz experimentó cuando se enamoró de la actriz irlandesa Harriet Smithson.
El italiano Riccardo Muti (1941) dirigió la Orquesta Sinfónica de Chicago (29 de agosto). En la primera parte con Sinfonía en Mi de Paul Hindemith (Alemania, 1895-1963) resaltaron los movimientos marciales, de gran fanfarria, desconcertantes y desordenados, pero fáciles de seguir. El concierto cerró con Aus Italien op. 16, de Richard Strauss (Alemania, 1864-1949), entre valses y marchas y con un final apoteósico. Strauss se inspiró en un viaje por varias ciudades de Italia.Fotos ©Lucerne Festival, excepto la primera que está mencionada al inicio.
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