Hungría, un país imperdible



Hungría es un país sumamente atractivo e interesante, atrapa de inmediato, más en días soleados cuando resalta la belleza de las ciudades y los paisajes. El idioma inentendible, que no se parece a otro, no es una barrera. Los simpáticos y acogedores húngaros entablan comunicación a través de gestos y muchos hablan otros idiomas. No es un país con mar pero tiene su ´mar´, el lago Balaton. También tiene el lago termal curativo más grande de Europa, en Hévíz. El río Danubio es una presencia vital y un medio de transporte eficiente. Qué decir de la deslumbrante Budapest, o de las calles empedradas de Zsentendre, o de la magnífica Pécs, o del arte que está por todos lados.
El esplendor de Budapest

Budapest es una ciudad deslumbrante e intensa. En términos arquitectónicos es grandiosa y monumental. A 
veces parece infinita y cuesta abarcar el panorama con la mirada. Los puentes, el parlamento (en primera fila de fotos, 2/fachada del parlamento en la otra orilla del río Danubio), los baños termales y otras edificaciones son de una época de boato. En el Mercado Central, un edificio de fines del siglo XIX, premiado internacionalmente (en segunda fila de fotos, la fachada del mercado y en foto contigua un puesto de venta con condimentos locales), confluyen colores, olores y sabores que salen de los productos frescos y secos, de los panes y pasteles recién hechos, y de las frutas y vegetales. Hay también puestos de venta de ropa y recuerdos húngaros y restaurantes.

Cuando se comenta con algunos húngaros que Budapest es una ciudad bella, agradecen el cumplido con humildad y agregan que está descuidada y sucia. Aun así no deja de ser bella. En estos días hay dos exposiciones que valen la pena visitar. En el Museo de Bellas Artes, en la Plaza de los Héroes, está la muestra Los ocho, incluye las obras de ocho pintores húngaros (Róbert Berény, Dezső Czigány, Béla Czóbel, Károly Kernstok, Ödön Márffy, Dezső Orbán, Bertalan Pór, Lajos Tihanyi) que crearon su propio estilo -a inicios del siglo XX- inspirados en el arte francés moderno, en los fauvistas, en Matisse y Cézanne. Los ocho pintores coincidieron en una misma época con otros artistas y pensadores reconocidos, entre ellos el poeta Endre Ady, los compositores Béla Bartók y Zoltán Kodály y el filósofo György Lukács. A pocas cuadras de Bellas Artes, en el Parque de la Ciudad o Parque Városliget, está la exposición al aire libre Arte en el Lago, con esculturas de veinticinco artistas europeos sumergidas en el agua, en un escenario espectacular, al frente del Castillo Vajdahunyad (arriba, foto 1/Esperando por pájaros, Josef Bernhardt; 2/Lazo redondeado, Zenó Kelemen).
Szentendre, la herencia serbia


Szentendre, en español San Andrés, es un pueblo a 25 km de Budapest, al que se puede ir en tren, barco -a través del Danubio-, y bicicleta. Parte de su encanto radica en las calles empedradas, la arquitectura, las casas de colores -muchas de ellas convertidas en galerías de arte-, y torres de iglesias que sobresalen. Iglesias ortodoxas (foto 1, de izquierda a derecha) y una comunidad serbia son la contribución de los inmigrantes serbios llegados hace varios siglos atrás escapando de la guerra. En las calles céntricas hay cafés, restaurantes y heladerías en terrazas acogedoras. Las varias galerías de arte venden joyas, ropa y otros productos diseñados por artistas locales y de la capital. En una de las pequeñas calles se encuentra el museo del mazapán.
Pécs, la herencia turca


Pécs (se pronuncia Peich) tiene, entre otras, la influencia turca, resultado de 150 años de ocupación del imperio Otomano. Los restos de baños turcos, la fachada de la ahora iglesia católica antes una gran mezquita, y la mezquita Gazi Kasim Pasha, son algunos de 

los legados de esa época. Es una joya arquitectónica de variados estilos, que dejaron la dominación de los romanos y mogoles. Pécs empieza a recuperar protagonismo después de décadas de exclusión, que se reforzó al ser nombrada Capital Europea el año pasado. La preciosa sinagoga, el mausoleo romano, la antigua farmacia Szerecsen (1764) hoy una tienda de productos exquisitos regionales pero conservando el mobiliario, o las casas en cuyos jardines colocan cerámicas y esculturas para la venta (Belsokert Galeria) son algunos de los lugares que hay que considerar durante la visita. Llegamos, por casualidad, el día en que se celebraba la noche larga de los museos, una oportunidad para recorrer los más de doce museos y galerías de arte. Fue como tomar un curso acelerado de cultura húngara. Hubieron conciertos, bailes y danzas tradicionales y modernas.

Pécs también es Zsolnay, la fábrica de porcelana, cerámica, y azulejos, que en el siglo XX se convirtió en la mayor empresa del imperio Austro Húngaro. Es una marca pionera del diseño artístico, con obras en diversas partes de Hungría. Está por ejemplo el techo de colores del Mercado Central de Budapest. La fábrica Zsolnay en Pécs sigue produciendo algunas cosas, aunque en menor cantidad. Al lado de la fábrica está el Museo Zsolnay en donde se puede ver las mejores piezas de su trabajo. La ciudad posee una variedad de obras Zsolnay, desde fuentes de agua (al costado, foto 1), el techo del edificio Art Nouveau del Correo (arriba al inicio de este bloque, foto 5) monumentos y una colección de obras en la municipalidad (al costado de la fuente).
Lago Balaton, el mar de los húngaros



Es el lago más grande de Europa Central, de un color verde claro poco usual. La superficie es plana hasta bien avanzada la orilla, parece una gran piscina (foto 2/bañistas en el lago). Alrededor del lago hay innumerables pueblos pintorescos (foto 3) y resorts, algunos en decadencia otros en mejores condiciones. Hay muchas opciones para hacer senderismo, los caminos conectan con bosques, y pueblos, como Badacsony, Balatonfüred, Fonyód, Keszthely, Siófok, Tihany.
Hévíz, el lago termal más grande de Europa



La razón de ser de Hévíz es el lago medicinal de agua caliente más extenso de Europa (alrededor de 5 ha), en medio de un bosques de 50 hectáreas. La vida cotidiana está en función del lago. Los turistas llegan por miles durante todo el año, buscando la cura para sus males reumáticos. Es conocido a nivel internacional desde finales del siglo XVIII. Llegamos a Hévíz a las 19:00 horas y acababan de cerrar el ingreso al lago. Por suerte una señora húngara generosa (arriba, Éva Kielmayer) convenció al gerente para que podamos visitar las instalaciones (a la derecha de E. K.) donde todavía habían bañistas.
Fotos ©Liana Cisneros
Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.
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