jueves 28 de julio de 2011

La monumentalidad minimalista de Serra

Con una enorme pared de acero (300 x 900.4 x 20.3 cm) llamada Fernando Pessoa (2007-2008), en honor al escritor portugués, abre la exposición Brancusi-Serra, que la Fundación Beyeler, en Basilea (Suiza), acoge hasta el próximo 21 de agosto. Es una pieza monumental y minimalista de dimensiones poéticas. En las figuras caprichosas que se reflejan en ambos lados radica sutileza, magia y fuerza. Richard Serra (Estados Unidos, 1939) le puso Pessoa porque en ese momento leía uno de sus libros.

“Hace dos décadas vi por primera vez una exposición de Serra, y me marcó. Me preguntaba por qué me gustó y afectó tanto. Creo que es porque sentí su obra en todo el cuerpo”, me comenta la suiza Trudi Müller, y continúa, “tenía que venir a esta muestra. No sabía nada de Brancusi, aunque debo admitir que ambos combinan muy bien”.

Constantin Brancusi (Rumanía, 1876-1957) y Richard Serra son dos de los más grandes escultores del siglo XX, el primero fallecido hace varias décadas, el segundo vivo y en su mejor momento. La manera de concebir el arte es algo que conecta con naturalidad a ambos artistas, el propio Brancusi resume con precisión. “La simplicidad no es un fin en el arte, pero se llega a la simplicidad, a pesar de sí mismo, al abordar el verdadero sentido de las cosas.” Foto 1/Brancusi, 2/Serra, 3/Musa dormida de Brancusi, 4/Delineador de Serra.

Brancusi es para Serra una de sus dos grandes influencias, junto al suizo Alberto Giacometti. “Cuando vivía en París [1964-1965] no había hecho aún una escultura pero iba al taller de Brancusi casi a diario por una buena parte de un mes y ahí dibujaba. Miré su trabajo como un manual de posibilidades.”

Así como hay afinidades también hay diferencias, en cuanto a la forma, tamaño y acabado. Las piezas de Brancusi son pequeñas, finamente pulidas y trabajadas casi a la perfección, en variados materiales (madera, mármol, bronce, yeso, onix, piedra), mientras que las de Serra son -en su mayoría- gigantes de acero (y una en caucho) clamando por grandes espacios y contacto con la gente. Las cuarenta esculturas de Brancusi son una retrospectiva de sus más de cuatro décadas de trabajo, las diez de Serra pertenecen a diferentes etapas.

De Brancusi no podían faltar El beso (1907-1908), la fálica Princesa X (1915-1916), El pájaro (1923/1947), Musa dormida [I] (1910), Columna sin final (1918), entre otras. Su sección se complementa con veinte fotografías originales que muestran el proceso creativo del artista. Abajo, foto 1/El beso, 2/Princesa X, 3/El pájaro, 4/Columna sin final.












De Serra están Cinturones (1966-1967, en caucho y tubos de neón), Olson (1986), La consecuencia de la consecuencia (2011), Castillo de naipes (1969), Delineador (1974-1975), y más. Finaliza con varios trabajos en papel y tres videos en blanco y negro, producidos por Serra cuando se dedicada al cine. Arriba, foto 1/Cinturones, 2/Olson/La consecuencia de la consecuencia, 4/Castillo de naipes.

Brancusi-Serra, que desde el 10 de octubre estará en el Museo Guggenheim de Bilbao, es una de las exposiciones más atractivas de esta temporada. El ambiente es tranquilo y confortable, las varias salas se comunican internamente entre ellas, y a través de ventanas que dan al exterior llega la belleza de la vida rural de Riehen, un distrito en las afueras de Basilea, cerca de la frontera con Alemania.






Obra y público como un todo
El acercamiento a Richard Serra es singular. Su obra monumental se completa con la presencia y contacto del público, lo que se convierte en una experiencia única, personal, y con cierta carga de angustia, especialmente cuando se camina por dentro de sus figuras circulares y curvas, como sucede con A matter of time (La materia del tiempo), exposición permanente en el Museo Guggenheim de Bilbao (a la izquierda).

“Cuando miro hacia atrás veo una vida dedicada a intentar crear un lenguaje que provoque sensaciones inesperadas y que trata de introducir al espectador en la propia obra de arte. Sin el público, las obras carecen de valor. Es un trabajo que ha evolucionado con el tiempo y en el que la relación con el espacio y el contexto siempre ha sido fundamental. Yo no puedo concebir una obra sin pensar dónde va a estar situada y sin pensar en el individuo que se va a enfrentar a ella. Supongo que eso es lo que la hace diferente”, señalaba hace unos meses.

Serra, hijo de padre español y madre rusa, ganador de reconocimientos y premios internacionales, es uno de los escultores vivos más cotizados. Sus obras están dentro y fuera de museos, en espacios públicos y privados de varios países. Su obra es controversial y no responde a lo que el mercado y las subastas esperan.

Estudió literatura y arte, se dedicó al cine, la pintura y el dibujo, antes de centrarse en la escultura, pero siempre se ha mostrado abierto a otras manifestaciones artísticas. Con los músicos Philip Glass y Steve Reich, y otros más, se embarcó en el minimalismo y fue parte de la vida intensa y creativa de la Nueva York de los setenta y setenta. A fines de los sesenta, Reich presentó un espectáculo multimedia llamado Anti-Illusion (Anti-ilusión). “Los practicantes del conocido como arte minimalista -en concreto, el artista conceptual Sol LeWitt y los escultores Richard Serra y Donald Judd- respondieron instintivamente a lo que estaba haciendo Reich. Las afinidades que era posible percibir entre los despliegues geométricos de módulos musicales de Reich, los despliegues de cubos blancos de LeWitt y los despliegues geométricos de planchas y barras de Serra pusieron en circulación musical el término minimalismo”, sostiene Alex Ross en su libro El ruido eterno (The rest is noise), 2009.

Las trece primeras fotos ©Fundación Beyeler, las cuatro últimas ©Liana Cisneros.

1 comentarios:

paco Nadal dijo...

Hola Liana; un beso y mi mejor deseo de que tengas unas buenas vacaciones.

Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.

Con un click las fotos se amplían.