miércoles 13 de julio de 2011

La agridulce Nueva Delhi







De Nueva Delhi, la capital de India, se podría decir que es una megaciudad agridulce, con defectos y virtudes como otras muchas. Es intensa y se mueve entre un pasado histórico rico y una modernidad caótica. Los más de 20 millones de habitantes se hacen notar y sentir por donde se vaya, al igual que la suciedad y la contaminación.








Es una ciudad llena de color, y su belleza resalta con los contrastes de luz. Los templos hindúes, al igual que los budistas, mezquitas, fortalezas u otros monumentos históricos, aunque un poco descuidados, lo menos que producen es admiración y deleite, más aun cuando el ámbar del ocaso los envuelve y magnifica sus formas.

Las calles y avenidas están atestadas de autos, buses, bicicletas, triciclos y motocarros, que producen un ruido incesante con sus bocinas. Es necesario abstraerse si se quiere recorrer la ciudad a pie, una costumbre poco frecuente y a veces no muy agradable, por las constantes presiones de los conductores de vehículos. Es frecuente reaccionar a la defensiva para no terminar desilusionado o engañado, especialmente a la hora de pagar por el transporte a los motocarristas y taxistas, que teniendo medidores prefieren poner un precio que hay que negociar.

El verano puede ser tan caliente, a veces supera los 40 grados centígrados, que provoca salir corriendo hacia algún lugar fresco, de preferencia al norte y al pie del Himalaya. Mcleod Ganj, en el municipio de Dharamsala, es una interesante opción que combina tranquilidad, naturaleza y cantos-rezos de los monjes budistas del templo Thekchen Chöling. En esta pequeña ciudad vive el Dalai Lama y los miles de tibetanos exiliados.

No importa las veces que se haya visitado esta ciudad las imágenes que quedaron en el cerebro están ahí y muchas se repiten con similaridad, mezcla de la grandiosa arquitectura y las escenas callejeras de todo tipo, de ciclistas transportando acrobáticamente cartón, cajas y latas de aceite y más.






Nueva Delhi sigue entre las ciudades más contaminadas del planeta, junto con Ciudad de México y Pekín, aunque es innegable la puesta en marcha en las últimas décadas del plan de arborización para convertirla en una ciudad verde. Este esfuerzo municipal parece coincidir con lo que la paisajista estadounidense Kathryn Gustafson (1951) sostiene: “Para encontrar espacios verdes, la gente no tiene por qué irse a la montaña. Todo tiene que estar en la ciudad. Todas las ciudades padecen el mismo problema, no tienen suficientes espacios verdes. Si queremos que sean sostenibles, la gente tiene que encontrar lo que necesita dentro”.

En la actualidad, y en comparación a una década atrás, es una ciudad costosa, principalmente en el sector hotelero. En promedio, las habitaciones de los hoteles cuestan más de lo que el servicio vale. Esto mismo ha venido ocurriendo con otras ciudades de países emergentes en desarrollo, como Sao Paulo (Brasil) o Johanesburgo (Sudáfrica), por citar dos ejemplos.

Pasado y presente






La ciudad proporciona un amplio abanico de posibilidades para explorarla, dependiendo del interés y motivación que se tenga. Las atracciones turísticas conocidas hay que verlas aunque sea una vez: la tumba de Humayun (arriba, foto 1), la Puerta de India, el Raj Ghat o memorial de Mahatma Gandhi, el Museo Gandhi (el fresco de la foto 2) y el Templo de Loto o Templo Bahai (foto 3), entre otros.







Un lugar ideal para escapar del ruido callejero y dejarse invadir por el ruido de los pájaros es el Jardín Lodi (Lodi Garden), un parque de 36 hectáreas, verde y con restos arquitectónicos bellísimos (las tres fotos de arriba). Es un oasis, a pocos metros de una gran avenida (Lodi Road), en una zona residencial y cerca del más caro mercado de la ciudad, Khan Market. En el Lodi Garden se encuentran las tumbas de Mohammed Shah, el último gobernante de la dinastía Sayyid, también la del último sultán de Delhi, Sikander Lodi, ambas construidas en los siglos XV y XVI. La población le da diferentes usos. Muchos empiezan o terminan el día con una larga caminata, otros prefieren correr o ir con sus familias a pasar la tarde jugando o conversando. Es el lugar propicio para descansar, leer u observar lo que sucede a su alrededor desde una de las bancas.







A pocas cuadras se encuentra la Tumba de Safdarjang (las tres fotos finales), construido en el siglo XVIII, inspirado en uno de los símbolos arquitectónicos del país, el Taj Mahal. El estilo arquitectónico pertenece a la etapa tardía del imperio Mogol, musulmanes que llegaron de Turquía en el siglo XVI y reinaron India durante tres siglos. La tumba está en medio de un parque, con canales de agua dirigidos a cuatro edificios.
Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.

Con un click las fotos se amplían.