En el recital que dio solo en el Kaufleuten apareció en el escenario discretamente y sin perder tiempo anunció el primer tema y luego pasó rápidamente al piano. Habló únicamente cuando presentó los temas incluidos en el programa. Con Six Etudes, Mud Rush, Metamorphoses, Dreaming awake salieron esos sonidos característicos y reconocibles del estilo de Glass. Era cuestión de cerrar los ojos para dejarse llevar hacia ese universo. Musicalizó el poema Wichita Vortex Sutra de Allen Ginsberg, recitado por el poeta antes de morir, que forma parte del disco Hydrogen Jukebox (1993) y está centrado en textos antibélicos. Con Night in the balcony (Noche en el balcón), una pieza corta deliciosa para piano, Glass se despidió. Arriba, fotos en el Keufleuten.
Glass estudió en la prestigiosa Escuela Juilliard (Juilliard Scholl) de Nueva York y en París con la legendaria Nadia Boulanger, al igual que otros distinguidos músicos, entre ellos el estadounidense Aaron Copland, el rumano Dinu Lipatti y los latinoamericanos Daniel Barenboim, Egberto Gismonti, Astor Piazzolla.
Su poco interés por la música europea lo llevó a abrirse a otros estilos y culturas musicales. Se nutrió de ellos y fueron la clave en su evolución y en el encuentro de su propio estilo. Glass rompió con la tradición e introdujo ritmos radicales en Occidente. “Yo quería romper tradiciones, algo que en Francia no se consideraba como música. Por eso y para tocarla tuve que volver a Estados Unidos”, contó. De regreso en Nueva York no pudo vivir de su música y tuvo que trabajar como taxista y fontanero por muchos años. Después de ganar prestigio fracasó económicamente con uno de sus proyectos, y nuevamente volvió a las calles de Nueva York como taxista.
Glass es uno de los abanderados, junto a Steve Reich (EEUU, 1936), de esa revolución musical que se conoce como minimalismo, y que él prefiere llamar “música con estructuras repetitivas”. “Gran parte de su obra inicial estaba basada en la reiteración ampliada de fragmentos melódicos breves y elegantes que entraban y salían de un tapiz fonético, o, para decirlo de otra forma, sumergía al oyente en una especie de clima sonoro que gira, da vueltas, rodea y se desarrolla”, resume su biografía.
India es vital en su trayectoria. Su acercamiento a la música de ese país empezó en París, por casualidad, cuando empezó a trabajar como asistente de dos grandes maestros, el sitarista y compositor Ravi Shankar y el tablista Alla Rakha. Passages es el fruto de la colaboración entre Glass y Shankar, una joya musical. Es alrededor de su relación con la música de India que giró el conversatorio entre Glass y el tablista y percusionista indio Trilok Gurtu en el Museum Rietberg, en el marco de la exposición sobre 800 años de pintura india.
Glass y Gurtu hablaron con pasión de su trabajo. Tienen curiosidades similares por la exploración de nuevas y variadas rutas, aunque ambos provienen de culturas musicales diferentes, Glass del lado académico y Gurtu del lado práctico. Al respecto, Gurtu contó una anécdota. “Cuando quise estudiar en el Berklee College of Music fui rechazado porque no tenía diplomas, en cambio ahora me piden que vaya a dar clases”. Fue su madre, la cantante Shobha Gurtu, su primera impulsora y formadora. El conversatorio, que duró menos de lo que se hubiera querido por lo interesante de los temas tratados, dio espacio a Gurtu para tocar la tabla y explicar algunos conceptos básicos y además demostrar el parecido entre los ritmos brasileños, africanos e indios. Foto 3, contigua a las de los perfiles de ambos músicos, ©Rici Lake.

El Festival Philip Glass terminó con la puesta en escena de su ópera En la colonia penal (In the penal colony) en el Theater der Künste. La obra está basada en Colonia penal de Frank Kafka sobre la ejecución arbitraria de un prisionero, tema que mantiene actualidad y, como los organizadores señalaron, se trata de la culpabilidad y la inocencia, y de lo bueno y malo de matar. En un escenario pequeño y austero, aunque pudo durar menos de hora y media, los protagonistas, el tenor inglés Michael Bennett (Visitante) y el barítono estadounidense Herbert Perry (Oficial), brillaron, y sus gestos y voces magníficos. La música estuvo a cargo de la Orquesta de Cámara de Zúrich (Zürcher Kammer Orchestra), bajo la dirección del italiano Andreas Molino. Al inicio de este párrafo, fotos 1 & 2/Johannes Dietschi © Hochschulkommunikation ZHdK.
Philip Glass es más que música
Sus composiciones musicales y operísticas (Einstein on the beach, Satyagraha, Akhnaten, The voyage) ya son consideradas clásicas, y se interpretan por todas partes y sin importar la diferencias generacionales. “Estoy sorprendido de ver con que facilidad los jóvenes tocan mis obras, que dos o tres décadas atrás hubiera sido imposible porque yo tampoco las tocaba bien”, dijo relacionando su experiencia de varias semanas con jóvenes músicos en Suiza.
Películas como La bella y la bestia (Jean Cocteau), Kundun (Martin Scorsese), Las Horas (Stephen Daldry), El ilusionista (Neil Burger), Koyaanisqatsi (Godfrey Reggio), Cassandras´s dream (Woody Allen), o Drácula (Tod Browning) no serían las mismas sin las bandas sonoras de Glass. Algunas de sus obras son el resultado de la colaboración con una gran variedad de artistas, como la escritora Doris Lessing, el compositor y poeta Leonard Cohen, los músicos David Bowie, Brian Eno, Paul Simon, Linda Ronstadt, Yo-Yo Ma.
Su acercamiento con América Latina se refleja en dos discos notables: Itaipú y Águas da Amazônia. Itaipú es una sinfonía cantada que compuso en 1989 para homenajear a Itaipú, la gigantesca represa ubicada entre Paraguay y Brasil. El texto es en Guaraní y la música que emerge fusiona sonidos de origen indígena y occidental. Águas da Amazônia compuso Glass y lo interpretado por el singular grupo brasileño Uakti, que fue una iniciativa de la compañía de ballet Grupo Corpo de Belo Horizonte.
Fotos © Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito y las caratulas de dos discos.
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