



El alemán, nacionalizado suizo, Hermann Hesse (1877-1962), figura central de la literatura del siglo XX, era un dotado de talentos, además de novelista, poeta y editor fue pintor. Esta última actividad es la que menos se conoce, a pesar de que a ella se dedicó por más de cuatro décadas. Su pintura ocupa un lugar especial en el Museo Hermann Hesse de Montagnola, un pueblo alpino de la suiza italiana, en el Cantón Tesino.


A los cuarenta años empezó a pintar auto-retratos y paisajes y luego siguió con acuarelas y otros. Lo que comenzó como parte de una terapia para salir de una crisis interna se convirtió en una de las actividades que más placer le dio, especialmente luego de mudarse a Montagnola. “Es maravilloso pintar; a uno le hace más feliz y más paciente. Y cuando se termina, los dedos no quedan negros como después de escribir, pero sí rojos y azules”, decía Hesse.

Su mundo pictórico estaba influenciado por lo que tenía a su alrededor: cuevas, sótanos excavados en la roca y ocultos en el bosque, viñedos, iglesias y pequeños pueblos. Sus pinturas formaban parte de algunas de sus obras literarias, como el cuento Piktors Verwandlungen, dedicado a su segunda esposa Ruth Wenger, o su novela El último verano de Klingsor. Lo mismo hizo con los poemas que vendía para recaudar fondos para la biblioteca de prisioneros de guerra que él dirigía. A sus amigos y familiares regalaba manuscritos con ilustraciones coloridas o les escribía cartas decoradas.En Montagnola vivió en dos casas, ambas ahora de uso privado. Al llegar alquiló parte de lo que era la Casa Camuzzi, en ella permaneció doce años, y sus últimos treinta años los pasó en la Casa Rossa. Desde 1997 la torre medieval que pertenecía a la Casa Camuzzi donde vivió se convirtió en el Museo y Fundación Hermann Hesse.
Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura (1946), es reconocido por sus innumerables obras escritas, entre ellas las novelas Peter Camenzind, Bajo la rueda, Demian, El lobo estepario, Narciso y Goldmundo, El juego de los abalorios, y la magnífica Siddharta.
La vida suiza de Hesse en su museo
En el sótano del museo hay una sala en la que se proyecta un documental. Es un material que abre la puerta a una serie de aspectos de la vida del gran artista, sus preocupaciones, su familia, sus amigos, y sobre su apoyo a compatriotas que huían de la Alemania nazi. Entre sus amigos estaban nombres tan emblemáticos como Bertolt Brecht, Thomas Mann, Sigmund Freud y Konrad Adenauer.
Para los dos mil habitantes de Montagnola Hesse es el hijo predilecto que contribuyó a transformar la vida del lugar. El poco movimiento y dinamismo que muestra en la actualidad se debe en parte al museo de su antiguo habitante, el principal atractivo para los turistas y a solo quince minutos en bus de la ciudad de Lugano.
Fuente de información y diez primeras fotos ©Museum y Fondazione Hermann Hesse Montagnola, resto de fotos ©Liana Cisneros.
1 comentarios:
Un gran hombre Hermann Hesse. No fue hace mucho que empece a leer sus obras. Son magníficas.
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