martes 17 de mayo de 2011

El Hermann Hesse pintor






El alemán, nacionalizado suizo, Hermann Hesse (1877-1962), figura central de la literatura del siglo XX, era un dotado de talentos, además de novelista, poeta y editor fue pintor. Esta última actividad es la que menos se conoce, a pesar de que a ella se dedicó por más de cuatro décadas. Su pintura ocupa un lugar especial en el Museo Hermann Hesse de Montagnola, un pueblo alpino de la suiza italiana, en el Cantón Tesino.

A los cuarenta años empezó a pintar auto-retratos y paisajes y luego siguió con acuarelas y otros. Lo que comenzó como parte de una terapia para salir de una crisis interna se convirtió en una de las actividades que más placer le dio, especialmente luego de mudarse a Montagnola. “Es maravilloso pintar; a uno le hace más feliz y más paciente. Y cuando se termina, los dedos no quedan negros como después de escribir, pero sí rojos y azules”, decía Hesse.

Su mundo pictórico estaba influenciado por lo que tenía a su alrededor: cuevas, sótanos excavados en la roca y ocultos en el bosque, viñedos, iglesias y pequeños pueblos. Sus pinturas formaban parte de algunas de sus obras literarias, como el cuento Piktors Verwandlungen, dedicado a su segunda esposa Ruth Wenger, o su novela El último verano de Klingsor. Lo mismo hizo con los poemas que vendía para recaudar fondos para la biblioteca de prisioneros de guerra que él dirigía. A sus amigos y familiares regalaba manuscritos con ilustraciones coloridas o les escribía cartas decoradas.

Hesse era hijo de madre suiza y padre estonio y vivió en Suiza sesenta de sus ochenta y cinco años, en Basilea, Berna y el Tesino, pero es en Montagnola en donde encontró su hogar y se sintió más a gusto. Ahí escribía, pintaba y hacía jardinería. “He vivido en Montagnola innumerables momentos maravillosos y le debo mucha gratitud a ese pueblo y a sus alrededores. He cantado mi himno a esas montañas, a sus bosques y viñas. He utilizado cientos de cuadernos de dibujo y tubos de color para rendir homenaje en forma de acuarelas a las viejas casonas, bosques de castaños y montañas vecinas”, escribió dos años antes de morir.

En Montagnola vivió en dos casas, ambas ahora de uso privado. Al llegar alquiló parte de lo que era la Casa Camuzzi, en ella permaneció doce años, y sus últimos treinta años los pasó en la Casa Rossa. Desde 1997 la torre medieval que pertenecía a la Casa Camuzzi donde vivió se convirtió en el Museo y Fundación Hermann Hesse.

Hermann Hesse, Premio Nobel de Literatura (1946), es reconocido por sus innumerables obras escritas, entre ellas las novelas Peter Camenzind, Bajo la rueda, Demian, El lobo estepario, Narciso y Goldmundo, El juego de los abalorios, y la magnífica Siddharta.

La vida suiza de Hesse en su museo
El Museo Hermann Hesse está en el centro de Montagnola y conserva los objetos e instrumentos que el artista utilizó, tanto para la escritura como para la pintura, al igual que los presentes recibidos. En las salas se puede ver los libros de su biblioteca, alfombras, algunas de las ropas que usó a diario, fotos en blanco y negro, sus pinturas, su máquina de escribir y miles de cartas que recibió de sus familiares, amigos y lectores, y que trató de contestar todas.





En el sótano del museo hay una sala en la que se proyecta un documental. Es un material que abre la puerta a una serie de aspectos de la vida del gran artista, sus preocupaciones, su familia, sus amigos, y sobre su apoyo a compatriotas que huían de la Alemania nazi. Entre sus amigos estaban nombres tan emblemáticos como Bertolt Brecht, Thomas Mann, Sigmund Freud y Konrad Adenauer.

Para los dos mil habitantes de Montagnola Hesse es el hijo predilecto que contribuyó a transformar la vida del lugar. El poco movimiento y dinamismo que muestra en la actualidad se debe en parte al museo de su antiguo habitante, el principal atractivo para los turistas y a solo quince minutos en bus de la ciudad de Lugano.

El Café Boccadoro (al costado), que está a unos metros del museo, es el punto de encuentro de los visitantes, de la población y de los eventos que organiza la Fundación Hesse. Es un ambiente agradable que honra la figura de Hesse.

Cuando el Museo empezó a funcionar la Municipalidad de Montagnola puso en marcha la ruta de senderismo Hermann Hesse, cuyo recorrido dura aproximadamente hora y media. Se inicia en el museo y termina en la Casa Rossa. Las once paradas que forman parte de la ruta ofrecen información, y vincula los sitios favoritos, sus casas, el bosque donde solía pintar y caminar, y el cementerio en donde reposan sus restos, en el pueblo contiguo de Gentilino. A unos metros de su tumba se encuentra la de otro destacado escritor alemán, Hugo Ball, amigo de Hesse y uno de los fundadores del Dadaísmo. Al costado del cementerio está la iglesia de San Abundio, a la que para llegar hay que seguir una alameda dividida por alargados cipreses que le dan un aire extraño al paisaje.

Fuente de información y diez primeras fotos ©Museum y Fondazione Hermann Hesse Montagnola, resto de fotos ©Liana Cisneros.

1 comentarios:

Aden Loor dijo...

Un gran hombre Hermann Hesse. No fue hace mucho que empece a leer sus obras. Son magníficas.

Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.

Con un click las fotos se amplían.