viernes, 23 de abril de 2010

Las Palmas, tan cerca y tan lejos de España







Por su ubicación y clima es una de las islas -del archipiélago de Canarias- favoritas de los turistas. Está en el Atlántico, a unos 100 km de África y a 1400 km de Europa. Es un lugar tentador para visitar, especialmente cuando los termómetros del invierno europeo bajan a menos 0°C y los de la isla suben y se quedan en un promedio de 22°C, haciendo honor a la calificación de la Universidad de Syracusa (EEUU) de tener el mejor clima del mundo.

Las Palmas, capital de la provincia de Gran Canaria, se fundó en el siglo XV (1478), después de que España la conquistara, pero su historia se remonta a muchos siglos antes, a la época habitada por sus aborígenes, los Guanche, de origen berebere.







Es una ciudad (381,847 hab.) con una mezcla muy rica de razas, como resultado de la migración de África, América Latina, Europa y de España misma. Algunos buscando mejor clima y playas y otros un mejor futuro. Es también una ciudad de mezclas arquitectónicas, donde se dan encuentro -o desencuentro- variados estilos que hacen parte de su historia pasada y presente. Es una ciudad agradable para descubrirla caminando. En las calles del centro histórico abundan edificios bellísimos, algunos bien conservados otros no tanto, al igual que librerías pequeñas con una atención personalizada y llena de la amabilidad canaria.

Apesar de ser una ciudad relativamente grande y marcada por el turismo la vida cotidiana se siente rápidamente en las calles y a través del contacto con la gente, la que muestra una alegría contagiante, se mueve a un ritmo relajado y tranquilo, y habla el español sin el énfasis en la z, lo que recuerda al español de América Latina. La ciudad ofrece una amplia gama de restaurantes españoles, canarios o de otras tantas nacionalidades.

La vida artística y cultural es extensa y variada todo el año. Los eventos y actividades giran alrededor de festivales, como el de Música de Canarias, con una programación envidiable; o el Festival de Teatro y Danza; o el Internacional de Cine. A esto se suman las fiestas tradicionales y los carnavales, además de los conciertos de música espontáneos y gratuitos al aire libre o en media calle (al costado). Hay mucho más para ver, como la Casa Museo de Colón, en la que las 13 salas están dedicadas a la historia y el arte de los últimos cinco siglos de Gran Canaria y América; o Casa África con exposiciones (fotos al costado) y otras manifestaciones que buscan fortalecer las relaciones con el cercano continente africano.

El sistema de transporte de buses funciona con eficiencia y puntualidad y un pase para lo que dure la estadía es más que recomendable, ya sea para moverse en la ciudad o fuera de ella, visitando pueblos simpáticos y pintorescos a una y/o dos horas de Las Palmas.

Bandama





Está en el centro de la isla y a una hora en bus de Las Palmas. Es un destino atractivo e interesante para hacer senderismo, visitando La Caldera (fotos de abajo), una formación que resultó de una fuerte explosión volcánica hace casi dos milenios con una profundidad de 200 metros. No muy lejos, está el Pico, montaña a 569 metros de altura. Ambos lugares son considerados Punto de Interés Geológico, debido a la presencia de cenizas y estratos volcánicos, como también de especies de flora. Desde la cima de la Caldera y el Pico la vista panorámica de la isla y de los pueblos cercanos es espectacular y en el camino hacia ellos abundan cactus en caprichosas formas, como en las fotos.

Al final del recorrido queda como recompensa el Restaurant Los Geranios, en la cima de una montaña y entre La Caldera y el Pico. Es un local pequeño, sencillo y con un menú exquisito (al costado) de platos españoles y de la isla, con carnes, pescados, garbanzos, habas, pimientos, croquetas, papas arrugadas con mojo o con gofio escaldado, una especie de puré con maní molido y caldo de pescado que es el plato popular de la isla.

Teror






Está situado al norte de la isla. Es un pueblo pintoresco en cuyo centro histórico hay casonas antiguas coloridas y con balcones declaradas patrimonio histórico. En las calles que convergen en la Basílica y en el Santuario de Nuestra Señora del Pino se realiza cada semana el Mercadillo Dominical (fotos arriba), una tradición de varios siglos considerada un referente comercial, cultural y popular de toda la isla. Es un día de fiesta para sus pobladores y un día propicio para visitarlo. Se puede encontrar desde panes y dulces caseros, hasta comida más elaborada, flores, objetos religiosos, juguetes, artesanía, entre otros. Es un pueblo con una fuerte vocación religiosa, cuentan con emoción que ahí apareció la Virgen del Pino, Patrona de Gran Canaria.

En un par de horas se puede recorrer el centro y las calles aledañas, algunas de las cuales han sido construidas en pequeñas montañas. Teror vive de la agricultura, la artesanía, el comercio y la industria alimentaria.

domingo, 11 de abril de 2010

Siu Kam Wen, el escritor del desarraigo







Siu Kam Wen (Zhongshan, China, 1951) es uno de los más interesantes escritores peruanos de las últimas décadas, una revelación. Chino de nacimiento, nacionalizado estadounidense, se considera peruano como escritor. Su fuente de inspiración es el Perú, país al que llegó a los ocho años (1959) y del cual se marchó a los 34 (1985) para residir en Hawai (Estados Unidos), donde trabaja de contable en una oficina pública.

Su vida está marcada por el desarraigo por partida doble.
“En
Lima tuve que enfrentarme con un idioma nuevo y con gente extraña. En Hawai con el inglés”, nos comentaba después de presentar su último libro El furor de mis ardores (2009), en la Casa de la Literatura en Lima, el pasado mes de marzo. Se mueve en tres idiomas (chino, español e inglés) y eso me lleva a preguntarle en cuál de ellos sueña y cómo se relaciona con cada uno en lo cotidiano. “Si bien el español y el inglés no son mis idiomas naturales hago una combinación entre los tres. Algunas veces evoco en inglés, otras en español y otras en chino”, precisa. (Arriba, Julio Zavala, E. Sánchez Hernani, Siu Kam Wen y Gabriel Rimachi).

Siu Kam Wen escribe desprovisto de la exuberancia y el maquillaje de la cultura latina. Describe los hechos, los lugares y sus personajes con sencillez, belleza y precisión. “Los que pertenecemos a la generación de los ochenta nos sentimos siempre
como unos invitados que han llegado tarde a la fiesta; la fiesta era el llamado “Boom” de la literatura latinoamericana... Personalmente, siempre preferí escribir como si mis contemporáneos fuesen Stendhal y Pushkin, o Maugham y Valera; llámenme mojigato si quieren, pero prefiero el estilo lúcido y las técnicas llanas de aquellos a las pirotecnias favorecidas por los escritores del "Boom”. La vida no es una tómbola. Siu Kam Wen. Fondo Editorial de la UNMSM. Pag. 293.

En la presentación de El furor de mis ardores, novela basada en un crimen pasional ocurrido en Honolulú en los años 80s que la ambientó en la Lima de los 70s, el escritor, poeta y periodista, Enrique Sánchez Hernani decía que el complejo relato de sus personajes retratan la limeñidad de la marginalidad y de la soledad. Mientras que el también escritor Julio Zavala reconocía que la obra de Kam Wen “no caduca en el tiempo” y que sus personajes le parecían cercanos, “como si uno los conociera”. (Las dos fotos de arriba provienen del blog de Siu Kam Wen.

Algunos de sus personajes están inspirados en sus amigos, como en El Furor de mis ardores, que le puso a la asesina el nombre y la descripción física de una de sus amigas queridas. Asimismo, otro de sus amigos, Gonzalo, ha inspirado al personaje de Jacinto. “No sabía que estaba basado en mi”, me comentó algo sorprendido.

La vida no es una tómbola (2008) es una obra autobiográfica fascinante, a través de la cual Héctor, que es él, nos conduce a
un mundo no tan explorado en la literatura nacional: la colonia china en el Perú. “Héctor es básicamente un disfraz que me puse a fin de tomar distancia con un traumático pasado al que todavía no puedo evocar sin sentir tristeza”, sostiene el escritor. Así nos acerca a una cultura influyente en el Perú, que va más allá de la culinaria y los restaurantes chinos o Chifas que hay por doquier.

En los últimos años, después de un prolongado alejamiento del Perú, ha comenzado a volver con regularidad y su presencia es celebrada en los círculos culturales. De Lima dice que es una “ciudad hostil y gris” y en una de sus obras transmite tristeza y una relación casi irreconciliable con ella, pero aclara que se trata de una descripción física. “Aquí están mis amigos, mis afectos. Tengo más afecto por amigos y compañeros peruanos que por los de Hawai”, añade. (Arriba, Siu Kam Wen rodeado de sus amigos peruanos).

L
a literatura desde siempre
Su amor por la literatura se manifestó tempranamente, pero por presiones familiares, principalmente de la de su padre, la dejó a un lado para estudiar contabilidad en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la que posteriormente estudió literatura.
Siempre tuve esa vocación por la literatura, yo era muy desdichado en mis salones de contabilidad, pasaba todas las noches yendo al pabellón de Letras, señala en una entrevista con la Agencia EFE.

Su padre, según cuenta en La vida no es una tómbola, quería que se convirtiera en un tendero rico. “Don Augusto estaba destinado a sufrir una decepción igualmente enorme cuando descubrió que las aficiones literarias de Héctor hacían poco probable que fuera un hombre rico en el futuro. Al principio, el tendero estaba orgulloso de la inteligencia de su hijo, y del hecho de que éste había leído tres de los cinco grandes clásicos de la literatura china antes de cumplir los once años... Cuando vea que el dinero no se gana fácilmente, se había dicho el tendero, se le pasarán todas esas estúpidas ideas acerca de ser un letrado”.

Contrario a los anhelos de su padre, Siu Kam Wen, se aferró a la literatura. Una de sus influencias ha sido el escritor peruano Isaac Goldemberg, quien ha escrito sobre los judíos en el Perú.
Me interesó y me dije que si a mi, como un extranjero, me gustaba una novela sobre judíos, entonces si yo escribía acerca de los chinos tal vez podría tener lectores, fue por esa razón que me decidí, comentaba a EFE.

Aparte de La vida no es una tómbola o El furor de mis ardores, ha escrito, entre otros, El tramo final (1986), libro de cuentos que se convirtió en el libro del año; La primera espada del imperio (1988); Viaje a Ítaca (2004); La estatua en el jardín (2004) que han sido traducidas al inglés y al francés. En 1981 obtuvo menciones honrosas en el Premio Copé de cuento con Historia de dos viejos y en 1983 con El cuento de las 1000 palabras (Revista Caretas) con Azucena.
Todas las fotos son de derechos reservados de Liana Cisneros, excepto las que llevan crédito.

Con un click las fotos se amplían.